Y decidi convertirme en piedra, como si Medusa me hubiese mirado fijo a los ojos. "Las piedras no sienten nada", pensé. Quería perder la habilidad de que todo se me clavara en el pecho como puñal y aprender a sobrellevar los silencios, las ausencias, las distancias. Quería sentarme ahí, en un rincón de la nada y someterme al libre albedrío del destino. Quería morir y reencarnar en una piedra, aún sabiendo que no es posible. "Las piedras no sienten nada", pensé.
(2007)
Hubiese sido más fácil ser piedra, sí, de seguro. De seguro no soy la única que buscó ser roca en la esperanza de creerse inmune, inmortal, inalterable. Pero ni las ellas lo logran. A veces, el agua llega calma. A veces no es un temporal de esos que arrasan con todo, convirtiéndolo en arena. A veces el agua acaricia y esculpe las piedras sin que se note y las convierte en otra cosa. Algo no tan duro como la piedra, ni tan frágil como la arena. A veces hay que dejar correr el río. Hay que arriesgarse a mutar. Porque hoy somos rocas y mañana arenas, o quizás podamos ser algo más.
(2013)