En algún momento, imposible de ser marcado con una cruz en el calendario,
el universo que habito sufrió un simbronazo. Y cambió. Quizás no fue un solo momento,
quizás fueron varios, varios pequeños sismos que lo modificaron todo.
La verdad es que cierto día, el amanecer me encontró una vez más intranquila y despierta
y abrí el diario. Todas las noticias eran malas. Se había caído la Habana,
había ardido Lacandona, Marcos había abandonado, Guevara ya no iba a volver.
Nos habíamos quedado sin dueño. Habían muerto nuestro héroes y con ellos nuestra
voluntad de realizar proezas que pudiéramos narrarle a las futuras generaciones.
Nos habíamos cansado de ser hombres y de nuestra inherente condena a ser libres.
Lo habíamos perdido todo. Habíamos sido abandonados
sin más equipaje que un montón de pesadillas de barcos y naufragios desvelando cada sueño,
habíamos quedado varados del lado erróneo de la frontera.
Así. con el inexorable paso del tiempo, todo fue reducido a cenizas,
y no hay aves fénix sobrevolándonos que nos den la esperanza de una posible resurrección.
Levanté la vista al cielo que se tornaba cada vez más gris y
podía asegurar que se divisaban cuervos.
Es muy difícil conservar la fe cuando te das cuenta que no podés ver
más allá del horizonte. Es imposible existir si nadie te está mirando.
Creo que nos quedamos solos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario