jueves, 23 de julio de 2015

I´m telling you I´m a fake.


Con el paso de los años y los golpes de la vida, desarrollamos una fabulosa aversión por el fracaso y nos juramos no volver a mirarlo a los ojos a como dé lugar. de ahí que soportamos azotes, lanzas y espinas y nos ahogamos tras la máscara de la felicidad mientras la desdicha nos quema la piel. Nos hacemos a nosotros mismos la solemne promesa de no volver a perder ni a dejar nuestros laureles en manos de alguien más. Así caminamos, a la par de la desidia, vencidos, simulando que no nos cuesta llevar la frente en alto cuando, en realidad, el dolor nos empuja hacia abajo. Si tan sólo pudiesemos abrir los ojos y darnos cuenta que merecemos mucho más que las migajas con las que pretenden conformarnos.
Incómoda. Esa es la palabra. Incómoda. Con la vida en general. Como que todo tiene gusto a nada. Vaya uno a saber cómo fue que llegamos hasta acá. O, mejor dicho, vaya uno a saber cómo salimos. Las cosas que más ocupaban mi cabeza y mi tiempo hoy me generan una especie de rechazo bastante imposible de camuflar. Es hastío, creo yo. Es la molesta sensación de que todos los días son domingo a la tarde.

(8/11)