jueves, 16 de mayo de 2013

Phoenix

Podría decir sin temor a equivocarme que hoy asisto al desmoronamiento de mi vida. El mundo como hasta hace poco lo conocía comienza a caerse poco a poco. El templo que me mantenía a salvo ya no se ve igual. Todo tiembla, nada está en calma. Se cierran de golpe las ventanas, estallan los vidrios. Levanto mi cabeza y veo las grietas en el techo. Las veo hacerse cada vez más profundas. Ya no hay círculo de sal que me proteja. Todo parece haberse convertido en una cacería de brujas. Hay persecuciones incansables y hogueras que no dejan de arder. Pero nadie me ve a mí. Me vuelvo intermitente, casi invisible. Y justo cuando estoy a punto de dejarme aplastar por el derrumbe, me doy cuenta de que ésta no es la primera vez que el templo tiembla desde sus cimientos. Y me recuerdo a mí misma que soy mucho más valiente de lo que muchos otros creen. Mi fuerza sigue estando en mí. Recuerdo que soy sobreviviente de cientos de otros terremotos. Yo puedo, con mis propias manos, sostener las paredes de este templo. Y si algún día es necesario, volverlo a construir desde sus escombros. Si, como el mismísimo ave fénix.

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