El sol del martes caía y él intentaba decifrar qué me pasaba. La verdad, ni yo lo sé. Jugamos al psicoanálisis un rato. Urgamos entre miedos y costumbres, buscamos respuestas en canciones y poesías. Pero nada, la realidad es tan esquiva como uno mismo, cuando no quiere encontrarse. Imaginamos escenarios a futuro con los pies puestos en hoy. "Se ve borroso", le dije.
Le debo un gracias. Gracias por la honestidad brutal, digo. Esa que a veces escasea justo cuando uno más la necesita. Gracias por las cosas que el dice que nunca antes dijo, pero las dijo para mí, para sacudirme a 160 km por hora.
A veces no se alinean los planetas, y nos perdemos un poco. Pero que bueno cuando podemos encontrarnos, y paramos el reloj y la vida para rescatarnos un poco mutuamente de la vorágine y de su fastidioso opuesto. Prometamos encontrarnos otra vez pronto, amigo, en algún rincón de este incomprensible universo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario