Es
ese instante en el que se me nubla la vista, me tiemblan las piernas, me quedo
sin voz. Es un segundo, y es una vida. Es ese momento tan fugaz como eterno en
el que se cruzan las miradas. Es todo y la nada misma. Es saberme esclava
eterna de vos y de tu presencia/ausencia tan interminable y agónica que parece
no querer abandonarme jamás. Otra vez estas ahí, estoy ahí. No, no sé por qué.
Sólo sé que estoy. Y sé que probablemente ya no debería estar. Pero para no
perder mis costumbres vuelvo a los lugares de siempre, esperando verlo todo
igual, pero es siempre todo tan distinto. Y juego a seguir adelante, juego a
que no me importa, juego a la mancha con nuestro fantasma, y pierdo siempre yo.
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