Quizás lo
mejor que puede pasarnos es vernos obligados a reformularlo todo. TODO. A mover
todo lo que nos rodea, a reorganizar
todas las piezas en el tablero, después de que alguien lo haya pateado por los
aires.
Quizás lo mejor que puede pasarnos es que los abran los ojos de par en
par, a la fuerza, que nos hagan conscientes de que esto es ésto y no otra cosa. Que no hay amigos del todo tan fieles, ni príncipes azules, que no hay héroes
como en los dibujos animados.
Quizás lo mejor que puede pasarnos es oler el
vacío, sentir el fin del mundo en la punta de la nariz, pensar seriamente que
pasaría si todo lo que hoy es, dejara de serlo; pensar qué piezas en ese tablero son fundamentales
para ganar la partida, pensar estratégicamente como moverlas.
Quizás lo mejor que puede pasarnos es dejar de buscar nuestro reflejo en espejitos de colores, reconocer cada imperfección y cada falla, y saber que somos quienes somos a pesar de ellas.
Quizás lo mejor que puede pasarnos es hacer carne esa frasecita que dice que "aceptamos el amor que creemos merecer" y esa otra que dice que "somos lo que amamos, no quien nos ama".
Quizás lo mejor
que puede pasarnos es saber que venimos al mundo solos, y nos vamos igual, y
aprender a valernos por nosotros mismos sabiendo siempre que, como dice Don
Eduardo, "somos lo que hacemos para cambiar lo que somos".
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