jueves, 23 de mayo de 2013
Soltar
"El yeite está en soltar", dicen. JA. Como si fuera tan fácil. Como si fuera igual a abrir la mano y dejar que el globo vuele libre y quedarse inmóvil, pies en tierra, viéndolo alejarse hasta volverse invisible. No. No es fácil soltar. La sola idea de hacerlo provoca que, por reflejo, apretemos todavía con más fuerza el hilo. Si de casualidad tenemos un rapto de coraje y conciencia como para abrir la mano, inmediatamente salimos a correr tras el globo, como si creyéramos que van a crecernos alas y lo vamos a alcanzar. Nunca es fácil soltar. Soltar puede equivaler a volver a saberse solo, a reconocerse en singular. Soltar a veces es perderlo todo. Soltar siempre da miedo. Pánico incluso. Imaginar el globo volviéndose un puntito allá a lo lejos paraliza. Pero a veces hay que hacerlo. Quién te dice, un día salís al balcón y ahí está: el globo. Quién te dice te das cuenta que hiciste bien en abrir la mano. Quien te dice, ves, clarito como nunca antes, que no lo querés soltar. No. El globo es tuyo, querés que lo sea, te lo querés quedar. Cualquiera de todas esas opciones, te va a servir de algo. Soltá, o apretá más fuerte, pero hacé algo. Nunca nadie tuvo un globo por pensar "qué pasaría si..."
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