Mentiría si dijera que no
quería verte, que no te busqué. Confieso que recorrí la habitación con los ojos
bien abiertos esperando encontrarte; con esa mezcla de esperanza y miedo como
tantas otras veces. De repente estabas ahí, en los rostros de todas esas
personas que no son vos, pero hubiese querido que si lo fueran; en todas esas
cosas que disparan recuerdos tan intactos que uno podría creerse pasajero de la
máquina del tiempo. Pero no, ellos no eran vos, vos no estabas ahí. Y una vez
más, esto de buscarte y no encontrarte se convierte en dejá vu.
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